domingo, 27 de febrero de 2011

contrastes y contrastas

En unos pocos minutos he pasado, en su formato tradicional de papel, de la Patente de Corso, de Arturo Pérez-Reverte, a la Tribuna de Mario Vargas Llosa, que como ahora observo pueden encontrarse también en la web. Qué notable conjunción, y contraste. Trata Pérez-Reverte de nuevo sobre la imposición de cierta expresión lingüística por motivos de equidad o paridad de género, que un anuncio no solicite "programador" sino "programador o programadora". Sin ser tan expresivo como él, veo con temor la tontuna galopante de confundir el culo con las temporas, que se tomen por idénticas la equidad o la justicia con el uso normativo de palabros y palabras. Si así fuera, bien podría admitirse la rebuznancia, digo redundancia. Pero me parece perfectamente posible que una empresa inteligente solicite un "puesto de programador", empleando su sentido genérico, y contrate a una mujer si en las pruebas o entrevistas resulta ser la más adecuada. También es perfectamente posible que una empresa avispada solicite un "puesto de programador o programadora", a sabiendas de tener decidido no contratar a mujer alguna, porque se embarazan y están siempre de baja.

Personalmente, puedo considerarme un privilegiado en ese sentido, nunca he vivido en un entorno en que se cuestione la igualdad de derechos entre hombres y mujeres: derecho a ser tenido en cuenta, ser respetado, ser valorado. Sin confundir igualdad de derechos con identidad. Los hombres y las mujeres como colectivos son diferentes fisiológicamente, pueden diferir en su desarrollo cerebral a lo largo de la infancia, en habilidades mentales, en aspectos psicológicos. No hay que ser iguales para tener los mismos derechos, las mismas obligaciones. Pero además de las diferencias entre colectivos (hombres-mujeres, blancos-negros), hay que tener en cuenta la individualidad.

Un aspecto relevante de la estadística son las distribuciones. A muchos casi siempre les importa sólo la media. Así se sacan a veces las conclusiones: se hace un estudio en que la media de los chicos en cierta habilidad es 8 y en las chicas es 6, en una escala del 0 al 10; luego los chicos son claramente superiores a las chicas; luego sólo seleccionaremos chicos. Pero bien puede ser que las distribuciones estadísticas de ambos colectivos sean anchas, y resulte que algunas chicas superen en puntuación a muchos chicos. Aunque se busque seleccionar sólo a los mejores, las pruebas, por razones estadísticas, no pueden restringirse al colectivo de chicos. Eso sin entrar en si el criterio de "los mejores en tal habilidad" es adecuado, o justo.

En fin, que le voy a hacer, soy de los que les ha parecido una idiotez machacona, propia de la propensión de los políticos a la verborrea vacua, eso de "los vascos y las vascas" , o como oía cien veces en un programa de radio a una entrevistada, "los niños y las niñas", sin que en algún momento lo que se decía afectara sólo a niños o sólo a niñas, por lo que bien hubiese valido sin posible confusión el genérico "niños". Y viviendo en la Comunidad de Castilla y León, en que un tiempo atrás eramos castellano-leoneses, para pasar con la reforma estatutaria a ser castellanos y leoneses, a veces me entran sudores frios imaginando a algún político (en su sentido genérico) en un discurso lleno de "castellanos y leoneses y castellanas y leonesas" , con todas las variaciones posibles equitativamente dispuestas para no herir sensibilidades: "Leonesas y castellanos y castellanas y leoneses", "Leoneses y leonesas y castellanas y castellanos", ... Qué suerte tienen el resto de autonomías, salvo las castellanas y manchegas y manchegos y castellanas, sin leoneses ni leonesas :-)

Pero bueno, tras la combativa y contundente prosa de Pérez-Reverte, llega un tema enteramente diferente en que Vargas Llosa nos habla elogiosamente de su compatriota Ruth Shady Sólis y la civilización del Caral. Sin pretenderlo él, en su artículo encontraba yo la más hermosa expresión del uso no sexista de la lengua española. He aquí breves extractos significativos, resaltados por mi cuenta

Cuando la arqueóloga Ruth Shady Solís llegó hasta aquí ...
Durante mucho tiempo sus únicos compañeros fueron los zorros, las lagartijas ...
Ruth no fue el primer arqueólogo en saber que la zona ...
ella ha protagonizado la más extraordinaria aventura que puede vivir un arqueólogo...
Es algo que Ruth ha sabido contagiar a sus colaboradores, una veintena de arqueólogos, hombres y mujeres jóvenes en su mayoría...
... científicos de muchos lugares vienen ...
... una vasta delegación de japoneses...
... que la arqueóloga de Caral debió ...
... y las costumbres de los hombres y mujeres que los habitaron ...
... sobre aquellos antiquísimos ancestros. Eran gente bastante atractiva ...


La lista de palabras resaltadas muestra cómo conviven sin problemas el genérico masculino "arqueólogo", y otros muchos, el específico femenino "arqueóloga", la enunciación de "hombres y mujeres", para referirse con respeto y admiración a la obra de ella, la arqueóloga de Caral, aunque "Ruth no fue el primer arqueólogo en saber que la zona de Supe-Barranca-Pativilca del litoral peruano escondía restos arqueológicos".

Qué extraño, bueno, qué repugnante, hubiese sido encontrarse con algo como "sus compañeros y compañeras fueron los zorros y las zorras, las lagartijas y los lagartijos", o "sabe contagiar a sus colaboradores y colaboradoras, una veintena de arqueólogos y arqueólogas, hombres y mujeres jovenes y jovenas", "científicos y científicas", "japoneses y japonesas".

El lenguaje es un patrimonio de todos, arma poderosa para cambiar las mentalidades, para transmitir ideas que estimemos necesario fomentar. Por ejemplo, que ninguna mujer pueda entenderse excluida en la frase anterior por una falta de todos y todas. Por ejemplo, que cualquier persona al leer "científicos de muchos lugares" asuma como totalmente obvio que puede tratarse tanto de hombres como de mujeres. Incluyendo el campo de la computación. Faltaría más.